Londres, 19 may (EFE).- Mientras el Arsenal ganaba al Burnley, la afición ‘Gunner’ cantaba “¡Champions again, Champions again!” (Campeones otra vez). Para alguien que no siga la Premier League, ese cántico puede resultar extraño. “Pero si no ganan la liga desde hace dos décadas”, pensaría. Pero es que este Arsenal ha aguantado 22 años de espera, tres subcampeonatos y ser el hazmerreír de muchas aficiones hasta que por fin la Premier vuelve a ser ‘Gunner’.
El Arsenal es campeón de nuevo. Pocos hubiesen esperado en 2004 que ese equipo apodado los ‘Invencibles’ que ganó la Premier con 26 triunfos y doce empates y que recibió una copa dorada por dicho hito, tendría que esperar tanto tiempo para volver a sentirse campeón. Tuvo que irse Arsene Wenger, que en sus siguientes 16 años en el club no volvió a tocar el título, ser suplido por Unai Emery, que duró poco más de una temporada, y llegar la transformación de Mikel Arteta para que este equipo se vuelva a sentir campeón.
Cinco subcampeonatos después y tras muchas, muchas decepciones, el Arsenal conquista su liga número catorce y da dimensión al proyecto de Arteta, que ahora sí tiene un gran título detrás que respalde estos casi siete años de procesos y cambios.
El cántico de “¡Champions again, Champions again!” responde a una moda que se había instaurado entre varias aficiones rivales. “¡Second again, second again¡” (Segundos otra vez), le cantaban al Arsenal en muchos campos de Inglaterra, mientras perdían dos títulos en favor del Manchester City y otro con el Liverpool. La resiliencia de Arteta y los suyos era enorme. Tenían que aguantar hacer temporadas prácticamente perfectas para acabar perdiendo ante el hegemónico City y, cuando este no estaba bien, era el Liverpool el que hacía un curso excepcional.
El mérito de caer y volver a levantarse y de la directiva, inyectando paciencia e inversión, dio sus frutos este martes cuando el Bournemouth empató contra el City (1-1) y el Arsenal por fin es campeón.
Lo ha hecho con un estilo de juego que no convence a todos. Este no es el Arsenal de Wenger, combinativo y vistoso. Es mucho más pragmático, basado en explotar debilidades del rival y más pendiente del balón parado y de la estrategia que de otros caminos al gol. Con los saques de esquina ha anotado 18 goles este curso, más que nadie, hasta el punto de que su estratega, Nicolás Jover, se ha ganado un mural en las inmediaciones del Emirates Stadium.
A muchos no les convence, consideran que la Premier se ha vuelto aburrida e impredecible y detestan que en el estadio del Arsenal se celebren los córneres como si fueran penaltis. Pero es efectiva. Ganar está por encima de todo para un equipo que, como contaba Nick Hornby en su ‘Fiebre en las Gradas’, en los años 70 y 80 era tedioso y perdedor.
No hay una gran estrella en este Arsenal. Hay jugadores de mucha calidad, como Bukayo Saka, Martin Odegaard y Kai Havertz, pero sobre todo lo que hay es grupo, y para que ese grupo esté unido y funcione lo más importante es la defensa. No es de extrañar que este equipo, con el tridente formado por Gabriel Magalhaes, William Saliba y David Raya haya sido el equipo menos goleado tres temporadas seguidas.
El meta español ha ganado tres Guantes de Oro consecutivos y pocos dudan de que Gabriel y Saliba son la mejor pareja de centrales del mundo.
A eso se une un centro del campo sólido, con Declan Rice y Martín Zubimendi como anclas y con Odegaard y Eberechi Eze como enganches.
Arteta ha confiado el ataque a las bandas, con Saka, Noni Madueke, Martinelli y Leandro Trossard, este último convertido en héroe de culto tras su tanto al West Ham United, y la punta ha quedado para Viktor Gyökeres, que pese a las altas expectativas ha cumplido de cara a puerta, y Havertz, una gran alternativa cuando no está lesionado.
Poco tiene que ver este Arsenal con el de los Thierry Henry, Robert Pirés, Dennis Bergkamp y compañía, pero el objetivo está cumplido. Dos décadas después, la Premier está de vuelta en Highbury.
La semana que viene intentará ganar por primera vez la Copa de Europa.
Manuel Sánchez Gómez


